Carlos Ponce: “La mayoría de estas piezas se encuentran en colecciones privadas o por cuestiones de conservación no se exhiben. Por eso, estas ocasiones son magníficas: no hay mejor ocasión que la bienal para dirigir una mirada hacia estas obras”.

Carlos Ponce, coleccionista e historiador de arte. Ha colaborado para la bienal de grabado, “Grabar en Bellas Artes”, con obras de Camino Sánchez, Eduardo Álvarez, Julia Codesido, Teófilo Allain, Camino Blas y José Sabogal, entre otras obras.

Usted ha colaborado con obras de grandes grabadores peruanos para la Bienal.

Sí. Llegó la solicitud y fue posible gracias al tiempo y las oportunidades de poder coleccionar estas cosas ya que no soy un coleccionista sistemático que tenga específicamente grabados de tal década o tal artista. Lo que tengo es una colección que no es muy grande, pero con un criterio histórico. Es decir, objetos que responden al gusto y el placer de hilvanarlos históricamente y en este proceso uno les va dando el valor de todo aquello que pueda estar en torno a ese objeto como el autor, la técnica y las anécdotas. Esas tramas que uno reconstruye, de objeto a objeto, es lo que a mí me genera el gusto y placer: ahí radica el valor de la colección para mí, algo absolutamente personal. En esa etapa está el grabado.

¿Cómo nace esta pasión por coleccionar arte?

Dicen que esto no nace de pronto, que este gusto, afán, de coleccionar viene desde la infancia y es algo que todos tenemos. Algunos coleccionan corchos, chapas, estampillas y en la medida que se van dando más posibilidades, información y conocimiento – como mi formación que es Historia del Arte –, llegas a estos nombres, estos personajes, a su reconocimiento y su valor en la historia. Y, también, se da la posibilidad de tenerlos por múltiples vías que es otro de los placeres de coleccionar: rescatar. La obra tuvo algún propietario alguna vez, un contemporáneo, amigo de Sabogal, por ejemplo, y de pronto esta persona muere y su familia se deshace de las cosas. Por azares uno llega a esos materiales y lo que hace es rescatar. Y la posibilidad de poder compartir, eso es lo más importante de una colección. Muchos dicen que coleccionar es una enfermedad, pero yo creo que los problemas vienen cuando tú no quieres compartir. Creo que el mayor valor de una colección es compartir como se ha dado ahora. La formación e información que uno tiene de estos personajes es la que permite tenerlos, conservarlos y compartirlos.

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¿Qué valor tiene ese compartir en un espacio como la Bienal y en una sociedad como la nuestra?

En un momento como es esta bienal que incluye etapas históricas – porque entiendo que se están exponiendo en otros locales trabajos últimos, cosas que han venido de fuera –, lo histórico es la parte más necesaria e importante porque nos manda al origen, a los maestros, a los que ya pasaron por una serie de etapas y sus trabajos más maduros y logrados son lo que estamos viendo ahora. Los que podemos compartir, modesta y humildemente estas piezas, pues en buena hora que la gente lo vea. Como tú dices de repente para nosotros es habitual verlo, pero para la mayor parte del público no. La mayoría de estas piezas se encuentran en colecciones privadas o por cuestiones de conservación no se exhiben. Por eso, estas ocasiones son magníficas: no hay mejor ocasión que una bienal para dirigir la mirada hacia estas obras.

¿Cuál es la importancia de este tipo de exposiciones para la sociedad?

Aquí hay algo que en el país sin duda ha cambiado. Si pensamos en veinte o treinta años atrás, hoy el número de exposiciones son muchísimo mayores que las que había antes. Eso sí, habría que apuntar hacia el público joven, el más joven posible: los niños. En el Perú tenemos un problema que arrastramos desde hace muchas décadas y es que nos enseñan desde la formación temprana a admirar personajes militares porque nuestra república se cimienta en la cultura militar. Lo primero que le enseñan a un niño de cinco o seis años es a admirar a sus héroes, todo en torno a la vida militar, y uno lo toma como natural. Todos desde niños sabemos quién es Grau, Bolognesi, Alfonso Ugarte, pero nadie conoce a sus artistas. En la formación temprana no se habla nunca de artistas. Y esto uno lo descubre, con pena, cuando tiene la oportunidad de conocer otras realidades fuera del país donde todo esto es completamente distinto y no es de interés temprano la vida y gloria de un militar, sino la de sus artistas. Como ejemplo en España, a un niño desde los cinco años lo llevan a los museos y sabe quién es Velasquez, Murillo, Zurbarán: conocen primero a sus artistas, a su sensibilidad, a los que construyen la historia de la sensibilidad de un país, de una cultura. Estos esfuerzos, que llegan un poco tarde por lo que expliqué de la formación temprana, son sin duda saludables. Mientras más exposiciones, más eventos, más actividad cultural dirigida a los niños mejor, ya que el colegio hasta ahora nos sigue metiendo la vida de los militares en la cabeza.

Por último, ¿qué opina sobre la importancia de la Escuela Nacional Superior Autónoma de Bellas Artes del Perú (ENSABAP) en la formación del arte en el Perú?

Sin duda, pionera. Se dirigen a un público joven, a los niños. Mientras haya eso, mientras la escuela los forme, será extraordinario.

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